“Cuento con la sociedad checa para vivir tranquilo”

Hace casi una década que Juan Pacín llegó a Praga. Conversamos con este argentino sobre su vida en la capital checa, lo que esta significa para él y lo que ha sido su proceso individual de integración.

Juan Pacín, foto: Ana BriceñoJuan Pacín, foto: Ana Briceño Juan Pacín, proveniente de Buenos Aires (Argentina), reside en Praga desde el 2008. La multiculturalidad la lleva quizá ya en sus genes, puesto que tiene ascendencia vasco-francesa e italiana, por el lado paterno, y gallega-guaraní, por el lado materno.

A Praga no llegó directo desde el Cono Sur sino desde Noruega, en donde se encontraba haciendo una maestría en Montaje, Edición y Documental. Fue una oferta de trabajo temporal lo que lo trajo hasta la capital checa, y él mismo nos relata.

ʺBueno, yo llegué porque estaba viviendo en Noruega y me ofrecieron venir a dar clases a la escuela de cine aquí en Praga, a la Prague Film School. A principios vine solo por unas semanas en verano y a ellos les gustó como trabajaba, a mí me gustó trabajar y vivir aquí. Me ofrecieron quedarme por todo el año y me quedéʺ.

El arte de comer socialmente, un aporte a la cultura checa

En la medida en que Juan permaneció más tiempo en Chequia fue encontrando otro camino en cual desempeñarse. El área de conocimiento en la que se había formado inicialmente, Ciencias Políticas y Cine, quedaron un poco de lado y le dio un giro a su vida, proponiéndose seguir lo que él mismo define como un ʺsueño románticoʺ: montar un restaurante, de comida argentina, por supuesto.

Praga, Puente de Carlos, foto: Maciej Dembiniok, CC BY-SA 3.0Praga, Puente de Carlos, foto: Maciej Dembiniok, CC BY-SA 3.0ʺA medida en que va pasando el tiempo y uno está lejos de su lugar de origen va creciendo la nostalgia y la idealización de la cultura o de los momentos vividos. Y el restaurante creo que es la plasmación de todo esto, de toda esta nostalgia y toda esta idealizaciónʺ.

Es así como en el caso de Juan la nostalgia ha dado buenos frutos. Hoy en día se dedica por entero a su negocio. Este tiene un fin mucho más que comercial, pues tiene una base conceptual clara, que es la dimensión socio-cultural de la comida y eso es lo que se ha propuesto enseñarle a la sociedad checa.

ʺComo persona, en este caso como emprendedor que ha puesto un restaurante, yo creo que lo que le aporto es cultura. A través de la comida, los checos están descubriendo, por ejemplo, una manera diferente de comer. En este caso es comer carne, pero también otras cosas. En realidad tiene que ver no solo con la carne sino con la cultura de los fuegos. La cultura de estar alrededor de la parrilla que es un acto socialʺ.

A nuestro entrevistado sin duda le ha convenido el paladar carnívoro de los checos quienes después de comerse una parrilla argentina están descubriendo el placer de merodear después de comer, es decir, entender que hacer sobremesa no es perder el tiempo.

Mi Praga babilónica

Cuando le preguntamos a Juan qué dificultades encontró en el proceso de adaptación a la República Checa, responde con sosiego.

ʺYo creo que de alguna manera vivo en mi propia burbuja. Sí tengo relación, tengo amistades, bueno tengo un restaurante que es algo muy social, conozco mucha gente. Pero como te digo me mantuve en mi propia burbuja y así no es solamente aquí, así fue en Noruega, así vivo en general yo. Es algo muy personal, o sea que de la integración no puedo hablar muchoʺ.

Plaza de Venceslao, foto: Khalil Ballabaki, ČRoPlaza de Venceslao, foto: Khalil Ballabaki, ČRoEn cuanto a la lengua checa, uno de los aspectos más temidos por quienes han considerado la idea de establecerse aquí, Juan no la puso entre sus prioridades y encontró el inglés como la lingua franca. El no haber aprendido checo, aunque no le haya puesto límites entre la sociedad checa, parece tomarlo como una deuda siempre pendiente.

ʺDespués de nueve años me da vergüenza decir que no hablo checo. Hablo un poco y entiendo, pero ahora estoy haciendo mucho más esfuerzo que antes. Así que de ninguna manera voy a defender que no haya aprendido, creo que es una vergüenza que no haya aprendido, pero bueno son circunstancias de la vidaʺ.

Por eso la Praga de este porteño es una ciudad multicultural que no está regida por el idioma checo.

ʺLa burbuja propia en realidad es como una torre de Babel porque sí, se habla español en la burbuja, pero también se hablan muchos otros idiomas. Para mí, Praga significa eso, Praga significa esta torre de Babel, quizá porque yo no pude aprender el idioma, o no quise o no hice el esfuerzo que debería haber hecho para aprender el idioma. Mi vida acá es así, es una mezcla de idiomas y culturas y todo eso conforma mi burbujaʺ.

Es así como Juan define a su Praga. Cuando intenta pensar en la capital checa en un sentido más universal, considera que la architectura y los detalles estéticos son los que hacen de la ciudad un encanto y además de esto, la tranquilidad.

ʺRealmente se vive tranquilo, no hay violencia, casi no hay crimenes. Uno puede caminar por la calle a cualquier hora sin que le pase nada, sin estar preocupado. La infraestructura es muy buena, los medios de transporte son excelentes, siempre en hora, relativamente baratos también. Tiene muchas cosas que para una ciudad capital es imposible encontrar en otros paísesʺ.

Una sociedad que vive y deja vivir

Según la experiencia personal de Juan, los capitalinos checos son tan tranquilos y relajados como su propia ciudad. En sus propias palabras ʺvos acá hacés lo que querés (...) nadie se mete con vos si vos no te metés con nadieʺ. Además de ello, comenta que una de las cosas que más le gustan del carácter checo y que ha intentado aprender de ellos es a no tomarse todo tan a pecho.

Castillo de Praga, foto: Kristýna MakováCastillo de Praga, foto: Kristýna Maková ʺLo que más rescato yo de los checos y lo que más me han aportado es esta noción de que el ego no es realmente tan importante. Las cosas no se las toman tan personalmente como nosotros y en la mayoría de los casos creo que está bien eso. Nosotros cuando tenemos un problema, generalmente con una persona, lo llevamos al nivel personal y lo asociamos con eso, ellos jamás. O cuando alguien hace algo que nos afecta o nos molesta lo tomamos de una manera personal y nos afecta nuestro egoʺ.

Quizá es eso mismo lo que le ha permitido a Juan vivir en eso que él llama su propia burbuja y para Juan eso es una diferencia fundamental con los procesos de inmigración en Argentina. Mientras que allá todo inmigrante ha tenido que volverse hasta cierto punto argentino, porque la cultura es tan fuerte que así lo demanda, todo lo opuesto sucede en Chequia, como él bien explica.

ʺEn cambio aquí, se puede vivir tranquilamente manteniendo uno su cultura o, en mi caso, su burbuja y no pasa nada. Es como que los checos no demandan esa asimiliación a su cultura que demandan otras culturas. Yo creo que eso es otra parte positiva de los checos, tengo la sensación de que no les importa o no les molesta que los extranjeros no asimilen su cultura y yo eso lo agradezco muchísimoʺ.

Juan agrega entre risas que en Argentina hasta los chinos hablan como un argentino. Según lo que él mismo entiende como integración, esta es un proceso muy personal y, en su caso, la define como ʺla paz de saber que cuento con la sociedad checa para vivir tranquiloʺ.

Praga es Praga

český Krumlov, foto: Magdalena Kašubováčeský Krumlov, foto: Magdalena KašubováAdemás de Praga, Juan conoce bien Český Krumlov, adonde ha llevado a sus familiares y amigos cuando vienen de visita. Sin embargo, afirma que Praga es la exclusiva razón de su vida aquí. Ahora vive por razones de trabajo en pleno centro de Praga, pero aclara que solo por cosas prácticas, pues destaca que el barrio de Letná, donde vivía antes, es uno de los barrios idóneos para vivir.

ʺEs que no hay tantos extranjeros. Está el nivel justo de extranjeros como para poder tener una mini comunidad de gente que uno conoce que está en la misma situación que uno, pero también hay muchos checos y sobre todo, checos jóvenes. Y ese mix hace que Letná sea uno de los lugares más lindos para vivirʺ.

Casi a la par de Letná le encanta la zona de Karlín, un barrio de origen industrial ahora en crecimiento, adonde suele ir para disfrutar de bares y cafeterías.

Este argentino, aunque reconoce que volver a Argentina es una fantasía que quizá el tiempo y la distancia alimenten cada vez más, por ahora seguirá compartiendo asados entre los checos y disfrutando del estado de tranquilidad y comodidad que ha alcanzado entre ellos.