La Peregrinación de Santiago: haciendo camino sin caminar

Ocho checos recorrieron 640 kilómetros del Camino de Santiago en una aventura física y devocional. El viaje fue idea de Jan Dušek, quien se desplaza sobre una silla de ruedas y para quien la palabra 'barrera' no existe.

Desde tiempos medievales el llamado Camino de Santiago de Compostela se ha instaurado como una de las grandes romerías de la cristiandad en honor al apóstol Santiago, cuya tumba yace en la cripta de la Catedral de Santiago, en Galicia, España.

Jan Dušek y Karla Novák, foto: Ana BriceñoJan Dušek y Karla Novák, foto: Ana Briceño En la contemporaneidad esta vía sigue siendo concurrida, bien sea por peregrinos, excursionistas, caminantes o amantes de la naturaleza de todo el mundo.

Hace no mucho estuvo haciendo el Camino un grupo de checos, que además del esfuerzo propio de mantenerse con sus mochilas en pie a lo largo de más de 600 kilómetros iban acompañados de Jan Dušek quien, a causa de una esclerosis múltiple, hizo la ruta en silla de ruedas. Jan o Honza, como él prefiere que lo llamen, nos explica por qué Santiago.

ʺLa primera razón es que nunca había estado en Santiago. Además, había leído el libro ʻDiario de un mago (El peregrino)ʻ de Paulo Coelho que me inspiró; otro libro insipirador fue uno del padre František Lízna que trata justo del Camino de Santiago de Compostela. Él es un cura que realizó la peregrinación desde Příbram (Chequia). Fueron 160 días y algo más de 3000 kilómetrosʺ.

La misión, predominantemente masculina, estuvo conformada por ocho peregrinos, entre ellos una sola mujer y un pequeño de diez años, el hijo de Honza, Jenda, quien vivió en plena travesía dos hechos legendarios: su décimo cumpleaños y su primer contacto con el mar.

De una parrilla a un peregrinaje

La primera conversación respecto al viaje se dio alrededor de junio del año 2016. Honza Dušek estaba en una parrillada con su amigo Petr Hirsch y mientras asaban la carne y hablaban le asomó la idea.

Petr Hirsch, foto: Ana BriceñoPetr Hirsch, foto: Ana Briceño Petr había hecho ya una vez el Camino. Lo comenzó desde su tierra, Chequia, hacia Santiago lo que significó unos 4000 kilómetros de andanza. Salió como en una especie de búsqueda espiritual a Santiago, Roma y luego Jerusalén. Se fue aún no como cristiano y volvió como creyente.

Además de peregrino, Petr es un hábil organizador, puesto que se encargó de toda la logística del viaje. Él bien sabía lo que implicaba organizarse un viaje para sí mismo, pero esta vez se trataba de considerar las necesidades particulares de Honza y la presencia de más personas.

ʺFue muy dura toda la organización en cuanto a tiempo, pues decidimos hacer una campaña de recolección de fondos y de los medios para realizar el viaje y poder documentarlo. Entonces, la preparación de la campaña misma. Luego, las reuniones con los patrocinadores y las compañías que querían apoyar la causa, que fueron apareciendo poco a poco. Diría que me dediqué a eso un año intensivamente a tiempo completoʺ.

Foto: archivo personal de Petr HirschFoto: archivo personal de Petr Hirsch Llevaban dos sillas de ruedas (una manual y otra eléctrica), equipos de grabación, equipos para cocinar y el montón de cosas básicas que cargar.

El Camino de Santiago tiene muchísimas vías de inicio, desde la misma España, pero también desde Portugal y Francia. Todas las bifurcaciones coinciden en la meta: la Catedral de Santiago en Galicia. Honza y sus compañeros de camino partieron desde Logroño, en La Rioja, y desde allí 29 días, 640 kilómetros y la Catedral.

Ahora, ¿cómo se hace un camino sin caminar? Nos lo explica Petr.

ʺMás de la mitad del viaje la hizo Honza en la silla manual. Teníamos dos correas o tirantes especiales, por decirlo así, que atamos a la silla. Lo tiraban dos personas adelante a modo de caballo y uno como que manejaba la silla para mantener la dirección. Entonces en total tres. Teníamos una rueda especial para todo terreno, se ponía en la silla manual y gracias a esta se podía pasar por tramos bastantes difíciles, llenos de piedras, senderos muy malosʺ.

Cabo Finisterre, foto: archivo personal de Petr HirschCabo Finisterre, foto: archivo personal de Petr Hirsch Honza hizo el 90% del Camino sobre la ruta originalmente marcada, es decir, la que está trazada para los caminantes. Él mismo nos comenta lo que él considera las mayores dificultades.

ʺPara decir la verdad, fue un viaje complicado. El camino para los andantes era siempre piedras y cuestas. No fue transitable en la silla eléctrica. Tuve que ir en la silla manual. Los chicos, los amigos me iban llevando prácticamente con una cuerda por esos tramos difíicles. Eso para mí fue duro. Y aún más era que no soy capaz de caminar, entonces estaba muy limitado al hecho de estar en la silla desde la mañana hasta la noche y eso me cansabaʺ.

Cintas de recuerdos

En el equipaje estos viajeros portaban todo un aparataje para documentar la experiencia, que serviría no solo como un recuerdo personal de la hazaña sino un modo de compartirla con toda la República Checa a la vuelta.

El camino desde arriba, foto: archivo personal de Tomáš LenárdEl camino desde arriba, foto: archivo personal de Tomáš Lenárd ʺPara el documental me inspiró la señora Radomíra Keršnerová, ahora de soltera se apellida Charvátová. Ella, en el 2010, con el mismo diagnóstico que yo tengo, es decir, esclerosis múltiple, subió la montaña más alta de África: el Kilimanjaro. De ello realizó una pieza de veinte minutos y en nuestro caso resultó un documental de veinte minutos titulado ʻEl Camino sobre ruedasʽʺ.

Honza nos confiesa que este año no tenía ningún plan. Dice ʺestaba sentado en mi casa viendo las cuatro paredes y me dije ʽalgo tiene que pasarʽ y pasó. Me fui a Españaʺ.

Al final fue muchísimo lo que terminó pasando y las personas con las que se topó durante el recorrido es lo que recuerda con más cariño. De algunas de estas nos habla él mismo.

ʺConocí a aguien de Brasil que tiene, por cierto, mi mismo apellido: Dušek. Hablamos mucho de eso. Él tiene sus raíces en Praga, su papá estuvo en Praga, o sea, se mudó a Brasil o se escapó. Tiene dos pasaportes, uno checo y uno brasileño. Él nos acompañó unos tres días. Fue una de las personas excepcionales que conocíʺ.

En su memoria el escenario sobre el cual conoció a estas personas también constituye algo muy especial, una naturaleza incomparable.

ʺMe pareció simplemente impresionante. Me decía algo tan bello como eso no hay en Chequia. Aquí un checo pondría asfalto, montaría mercados. El paisaje en España es realmente precioso. No sé con qué otro superlativo describirlo. Hermosoʺ, agrega.

Viajeros solitarios

Karla Novak, originaria de Croacia, estaba haciendo la ruta sola, pero sola fue en realidad lo menos que estuvo. Entre sus compañeros ocasionales de peregrinación estuvo el grupo checo. Ella comparte con nosotros su impresión de quien los veía desde lejos.

El camino boscoso, foto: archivo personal de Tomáš LenárdEl camino boscoso, foto: archivo personal de Tomáš Lenárd "Yo los pasé varias veces y me percaté del muchacho en silla de ruedas. En algún punto compartimos alojamiento y empezamos a hablar. Me hizo muy feliz constatar que hay gente dispuesta a hacer esto por Jan o Honza, como lo llaman ellos. No sé cómo explicarlo, me impresionaron muchísimo, me hacía feliz que Jan estuviese dispuesto a hacer eso y que haya gente dispuesta a ayudarlo. Me conmueve mucho cuando hablo de ellos porque fueron unas de las personas más inspiradoras que conocí en el Camino".

La razón por la que Karla se encuentra aquí en Praga es porque vino al estreno del documental ("Camino na Kolečkách") filmado por los muchachos en el cine Bio Oko en la capital checa. Para ella, no solo una memoria de la vía de romería sino sobre todo un reencuentro con nuevos amigos.

La mística del viaje

Los viajes son en la actualidad algo que tal vez que damos por hecho. Se viaja porque se tiene la posibilidad, se viaja porque forma parte de un estilo de vida. No obstante, lo que Petr Hirsch entiende como viaje no es solo un desplazamiento físico en inercia. Es una búsqueda o una aventura que lleva en la profundidad un propósito claro y que es lo que da fuerza hasta alcanzar el destino.

ʺAhora, con el paso del tiempo, yo estoy asumiendo la peregrinación como un viaje hacia algo. No tiene que ser en el sentido cristiano o católico un sitio de peregrinaje. Se trata de los pensamientos predominantes en la cabeza, del objetivo que se tiene en el corazón. En mi caso yo lo llevo asociado al sitio de peregrinación cristiano porque esa historia me interesa. Lo importante es el objetivo, que es lo que me ayuda a mantener el pasoʺ.

Foto: archivo personal de Tomáš LenárdFoto: archivo personal de Tomáš Lenárd Mirar la Catedral de cerca, pararse en el lugar donde millones de peregrinos del mundo se han parado desde hace siglos y en donde coinciden todos los caminos de la romería, aunque se diga como nada, conlleva una sensación de placidez intransferible, que Honza intenta poner en palabras.

ʺCuando me paré frente a la Catedral de Santiago sentí una suerte de recompensa por todo lo que había pasado, por haber hecho real una idea. En la Catedral, mi meta, allí por supuesto abracé la escultura de San Jacobo, en el corazón del altar, recé junto a sus restos, vi columpiándose el recipiente con incienso. Eso era otra recompensa. Lo tomé todo como una retribución, una gratificaciónʺ.

Caminar y rodar hasta el agotamiento, olvidarse de la urbe y el consumo, ser feliz con lo mínimo, preocuparse solo por el alimento y el resguardo nocturno. Eso parece ser el Camino, en donde los encuentros y los vínculos harán las adversidades más que llevaderas.

Las experiencias contadas por Petr, Honza y su amiga Karla quizá manifiestan lo que Honza ha hecho el lema de su vida: "en silla de ruedas la vida no termina, más bien ahí es cuando empieza".